Hola… Perdona pero, ¿quién eres?

Son las nueve de la mañana. Llegas al trabajo, corriendo como siempre, y en la puerta del edificio alguien te saluda muy alegre:

– ¡Hola!

Tienes que reaccionar en décimas de segundo: Tu cerebro debe procesar esa palabra, dos sílabas (Ho, la) e intentar ubicar esa voz en el catálogo de voces que almacena, a trancas y barrancas, tu memoria de pez.

Pero pasa medio segundo y tú, sin saber aún quién demonios te acaba de saludar (es un hombre, hasta ahí llegas), contestas con un – ¡Hola! – y esbozas una sonrisa tenue, de compromiso, sin tenerlas todas contigo; porque tu cerebro sigue a toda marcha intentando volver a reproducir esas dos sílabas, que con el esfuerzo te parece que ya no suenan en tu cabeza como lo hicieron en la realidad. Ho, la, ho, la, ho, la… ahora más grave, ahora más aguda… ¡qué presión!

Sigues andando, y la persona que te saludó camina ahora a tu lado.

– ¿Qué tal? – te pregunta.

Venga, campeón, otras dos sílabas. Ahora ya tienes más información… – “¡Hola! ¿Qué tal?”… Pues va a ser que no.

– Bien, corriendo, como siempre. ¿Y tú? – le dices para que hable a ver si así…

– Pues pensando que ya estamos a Jueves, que eso anima.

¡Toma sílabas, ¡no te quejes! Diecisiete! Pero… ¡aún no estás seguro de quién es! ¿Gregor? ¿Alexis? ¡O quizá Joan!

Y claro, llegados a este punto ya es tarde para preguntar: – Oye, perdona, ¿quién eres? – Ya has iniciado la conversación. Le has preguntado que qué tal él, lo que da a entender que sabes con quién narices estás hablando… Y preguntarle a estas alturas que quién es… ya queda como el culo.

Preguntar quién eres tienes que hacerlo al principio, en el primer hola, pero te puede la vergüenza de preguntar e intentas la estrategia de ganar tiempo hablando, lo cual, si eres sincero contigo mismo, normalmente no suele funcionar.

Pero ahí estás, llegando al ascensor, sin tener ni puñetera idea de quién va a tu lado.

Lo reconozco. Soy ciego, y malo con las voces de la gente con la que no he hablado demasiado. No es que tenga fonoagnosia ;), pero vamos, que no soy un lince 😉 Es lo que hay, y a veces creo que paso por borde con alguna gente a la que no he conocido cuando me han saludado y que deben pensar: – Vaya día tan seco que tiene este hoy.

Hay voces que son muy sencillas de distinguir. La mayor parte de las personas que conozco, con que me digan dos palabras sé automáticamente quienes son, porque hemos hablado tantas veces que el cerebro funciona casi en automático. Luego están las voces de aquellos que, aunque no hables mucho con ellos, tienen una voz que les hace distintos y fácilmente reconocibles: un timbre curioso, un acento, un tono más grave o agudo de lo habitual… Pero otras muchas, cuando hemos hablado pocas veces o muy espaciadas, me cuesta diferenciarlas.

También me pasa con los acentos. Si dos personas tienen un acento marcado y parecido y un timbre de voz más o menos similar, me cuesta más distinguirlas entre sí. Me recuerda un poco al análogo visual de cuando alguien que ve, me dice que todos los chinos le parecen iguales.

Las personas que ven, son capaces de recordar caras y asociarlas con personas concretas. Pequeñas diferencias en el ángulo de la mandíbula, la distancia entre los ojos, la forma de nariz, boca, orejas… un conjunto de indicadores que hacen posible distinguir unas caras de otras con relativa facilidad.

Creo que para una persona que ve, es más fácil asociar visualmente una cara a alguien y acordarse de esa persona, que para un ciego asociar una voz cuando ha tenido pocas conversaciones con ella, cuando es poca la información con la que trabajar, o cuando hay ruido de fondo.

La diferencia entre distinguir voces y caras, más allá de que los indicadores son totalmente distintos, creo que radica en que una cara la estás mirando (si quieres) durante todo el rato que dura una conversación. Además, es posible que el cerebro humano esté más adaptado a retener imágenes visuales que auditivas… o quizá la plasticidad neuronal hace que el cerebro de una persona ciega se adapte a retener con igual facilidad fragmentos auditivos, , y solo soy yo el manta al que le cuesta esto de distinguir voces de personas con las que no hablo demasiado 😉

¿Qué opináis?

¿Si eres ciego, es fácil para ti distinguir una voz aunque hayas hablado poco con esa persona?

Si ves, ¿hasta qué punto te resulta fácil distinguir una cara, y con qué rapidez?

¡Gracias por comentar, que el tema me parece interesante!

¡Saludos!

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15 respuestas a Hola… Perdona pero, ¿quién eres?

  1. Ramón Corominas dijo:

    Hola, Juanjo.

    Distinguir una cara es un proceso automático, otra cosa es que no recuerdes el nombre de la persona o incluso a qué se dedica si la has tratado poco. Cuando doy cursos, por ejemplo, los primeros días no recuerdo los nombres, pero sé perfectamente quién es quién. Y eso teniendo en cuenta que apenas veo sus caras (bueno, cada vez menos, claro).

    Distinguir las voces es mucho más complicado, incluso habiendo tratado bastante tiempo con alguien, porque el contexto importa, y mucho. Por ejemplo, el otro día estaba escuchando un programa de radio donde entrevistaban a un músico que habla muy parecido a un amigo mío, y tardé más de media hora escuchándolo continuamente antes de acordarme de quién era esa persona a la que me recordaba tanto.

    En cualquier caso, creo que conviene preguntar aunque hayan pasado ya tres o cuatro frases, de paso vas educando a la gente para que se den cuenta de que no es fácil identificarlos.

    ¡Un abrazo!
    Ramón.

  2. Antonio dijo:

    Hola Juanjo:

    Como vidente que fui, y como invidente que soy ahora, puedo darte mi opinión en ambos sentidos.

    En caso de un vidente, tal y como indicas, es más sencillo reconocer una cara ya que como tú has apuntado, la vista le permite observar el rostro de su interlocutor durante más tiempo que el oído a un invidente durante una conversación y más si es breve como la que describes. Además, que existen más elementos con los que poder reconocer a dicha persona. Rasgos faciales, estatura, algún tipo de marca distintiva (peca, cicatriz, etc)

    Ahora bien. También existen aquellas personas videntes que no se les queda una cara ni queriendo o al menos, no les resulta tan fácil como a otros. Pero tal y como sucede con las voces, esto depende de si ves o no mucho a la persona.

    Actualmente a mí también me sucede lo que comentas en el artículo con algunas voces. Por las mañanas mientras voy al trabajo y una persona me dice “¡Hola Antonio!” al cruzarnos, cuando alguien me saluda por la calle, etc. En este último caso, sobre todo, si voy acompañado, me toca preguntar a mi acompañante quién es el susodicho indivíduo (si es que lo conoce) o preguntarle algún detalle de su aspecto físico con el que poder relacionarlo a la voz que puede, o no, sonarme.

    sin embargo, aunque me sepa mal, trato de no darle más importancia de la que se merece al asunto. Cada vez más, me veo preguntando a mi interlocutor, sin ningún tipo de reparo de… “disculpa, ¿quién eres?”.

    La gente tiene que entender (y creo que lo entiende) que no somos máquinas, y que aunque tengamos un buen oído, o facilidad para identificar a las personas, no podemos recordar absolutamente todas las voces de todas las personas con las que nos cruzamos al cabo de los días, semanas o meses. Y si se molestan, pues como dice mi madre. “Dos trabajos tienen. Enfadarse y desenfadarse”.

    ¡No te preocupes por eso!

  3. Salva dijo:

    Buenas. Subscribo el artículo. Tienes mucha razón. Lo que pasa es que por no quedar mal muchas veces tenemos la coversación que sea con alguien y en realidad cuando ese se pira es como… ¿Quién era?

    • Brenda Stéfani dijo:

      jaja si, aveces vamos acompañados por ejemplo y ese individuo que nos habló ni si quiera lo vio al que iba a nuestro lado y cuando se fue le preguntamos: -Che y ese quien era? Y no sé a vos te conoce, no a mí, te sentís mal el doble. Una porque no te animaste a preguntarle al ser este quien demoniosi era, y otra porque el compañero tuyo quedó re ignorado y se las toma con vos porque no le saludó jajaja es una situación hipatética pero sucede mira. jajajaj

  4. Amaterasu dijo:

    ¡Hola! cuantas veces me habrá pasado a mí lo mismo, tener una conversación con alguien, intentar sonsacarle información sin que se note mucho para averiguar quien es y al final irse ese alguien y yo quedarme sin saberlo y si hay suerte, tener que preguntar a quien esté conmigo por aquella persona, eso si hay suerte si no… pues me quedo con las ganas.
    A mí también me da mucha vergüenza una vez iniciada la conversación reconocer que no sé con quien estoy hablando, de hecho por norma general me cuesta preguntarlo, pienso que el interlocutor o interlocutora se van a sentir mal o incómodos, no sé.

    Me encantaría saber qué opináis los no ciegos al respecto, si os preguntamos quienes sois aunque hayamos hablado más de una vez, ¿os molesta, os sentiïs mal o incómodos? o entendéis la situación.

    PD: Besos guapo, muy buen post y muy real 😉

  5. Halena dijo:

    Hola, Juanjo.
    Concuerdo con Antonio en que ver el rostro te puede facilitar la identificación, porque asocias otros aspectos al conjunto, aunque eso luego no sirva para que igual que en el caso de la ceguera, no te toque preguntar, pero tú, ¿quién eres?
    Yo soy fatal para recordar los nombres de las personas, y además tengo la tendencia a cambiarlos por otros que fonéticamente me sean familiares. cuando veía, igual me tocaba preguntar más de una vez, y tú ¿quién eres?
    Me suena tu cara, pero ni idea de por qué.
    Aunque no tengo fonoagnosia, al igual que todos, creo yo, a menos de que la voz sea demasiado característica, me es demasiado difícil reconocer a alguien que apenas me diga “hola”. Otra cosa es que haya un trato frecuente, con lo que de seguro habré armado mi conjunto con el aroma, la forma de respirar, el acento, etc.
    Tristemente soy demasiado transparente y todo se me nota yo no puedo, como decimos en Venezuela, “hacerme la loca”, y seguir la conversación. La expresión de mi cara lo dice todo. Por lo que he optado por preguntar alegremente, tú, ¿quién eres?
    Dada la idiosincracia del venezolano, a veces lo pregunto adrede, cuando me doy cuenta que la persona quiere ver si logro adivinar quién es. Entonces, aunque sepa quién es, no dejo de preguntar hasta que la persona se rinde y termina por identificarse.
    Al igual que la madre de Antonio, pienso que si alguno se enfada, tiene doble trabajo.
    Siendo un poquito atrevida, y por cosas que me han comentado personas de mi entorno, creo que más que enfadarse se avergüenzan por no saber o no recordar que necesitamos que se identifiquen.
    Saludos del otro lado del charco

  6. Brenda Stéfani dijo:

    La verdad, es que me pasa lo mismo sabes, yo veía pero nunca vi bien por lo que de todos modos me costaba reconocer caras, ahora que no veo tengo ese drama, la gente que me habla pretende que adivine quien es y en partte me pongo avergonzada porque me parece que esperan que acierte y si no lo hago no los tengo en cuenta. Me pasaba amenudo y ahora donde trabajo más, que me toca atención al cliente. OK, con el tema de las voces es una cosa increible, aveces la gente en un tiempo cambia su voz o su acento o su forma de hablar por a o b motivo y vos tenés que si o si saber quien es, aveces lo de la comersa iniciada me pasa y yo igual tengo que preguntar o decirle distraídamente. Recordame cual es tu nombre? jajajaja quedo como perdida pero es una escena graciosa. Saludos mil buen rato me hiciste pasar 🙂

  7. Jose Luis dijo:

    Solo dos palabras al respecto de este articulo, Juanjo no te imaginas el gran desconocimiento que hay con respecto a las personas invidentes y es ese desconocimiento que nos hace cometer esa falta de tacto, damos por supuesto muchas cosas que son obvias cuando las puedes ver. Por todo eso y por esa falta de tacto te pido comprension, ya que no se hacen con mala intencion.
    Un abrazo de tu suegro que te aprecia mucho.

    • Amaterasu dijo:

      ¡Hola papa! jajaja, la verdad es que el asunto si le damos dos vueltas tiene su gracia. Es solo que nos da algo de corte y nos sabe mal si al preguntar al susodicho o susodicha por su identidad, no se vaya a sentir ofendido o como dicen por aquí en algún comentario, que no le tenemos en cuenta.
      Vaya, pero eso nos pasa a todos, a los ciegos con las voces, a los no ciegos con las caras y a ti… con los nombres jajaja, que rebautizas al personal 😉
      ¡Besitos!

  8. Malena Gutiérrez dijo:

    hola!
    Realmente me pasó, me pasa y sé que me pasará muchas veces más en el futuro. Algunas veces también tuve la suerte de poder preguntar a alguna persona que esté conmigo, quién es el que me habló? Pero otras veces la misma persona que se acercó a saludarme, me preguntaba. Sabés quien soy no? o, te acordás de mi?
    Yo soy un poco tímida así que si me pasa esto no suelo preguntar con quien estoy hablando, pero si la persona me tiraba ese comentario yo aprobechaba para decir algo como, eem, la verdad es que hace mucho que no hablamos, sé que alguna vez escuché tu voz pero no me acuerdo de tu nombre, o algo no tan directo como para safar, pero igualmente yo creo que no deberíamos sentirnos mal por no poder recordar a todas las personas que se nos acercan, ya que como dicen son muchas voces que tenemos que escuchar todos los días, y por desgracia algunas menos que otras. Y también, para mala suerte de nosotros es cierto que muchas voces por más que algunas personas no tengan nada que ver, son bastante parecidas dificultando más la tarea.
    Creo que aunque se nos haga difícil deberíamos animarnos a preguntar quién es, total no creo que la otra persona tenga motivos para enojarse. Más bien, debería ponerse en nuestro lugar.

  9. Nuria dijo:

    Hola, yo suelo reconocer bastantes voces al cabo del día, quizás por el tipo de trabajo que tengo pero cuando alguien me saluda y no lo conozco es tan rara la cara que debo poner que algunos me dicen:
    No sabes quién soy ¿no? ☺️

  10. ¡Hola, Juanjo! Yo intento retener el mayor número de voces posible, pero he de reconocer que cada vez me cuesta más, no sé si ipor el aumento de la información disponible en mi catálogo de voces o por el paso inexorable de los años… 🙂

  11. May dijo:

    ¡Hola! Yo nací con resto visual y a los 2 años me quedé ciega por completo, así que caras recuerdo las de mis padres y hermana de hace 22 años, supongo que a esa edad poco más se puede recordar. Con respecto a las voces… me siento completamente identificada con tu post, no podría haberlo explicado mejor. A veces me pregunta incluso: “¿¿recuerdas quién soy??” y bueno.. a veces me da bastante vergüenza reconocer que no tengo la mas mínima idea, otras digo que sí, claaaro que me acuerdo, y por dentro pienso: “por favor, que no me pregunte su nombre!!!”. Pero es como tú dices, se recuerdan bien las voces de la gente llamativa o la gente con la que más trato se tiene, pero cuando alguien te saluda, por ejemplo, desde la otra acera y con un tráfico tremendo… a veces no reconoces ni a tus propios compañeros. La verdad que tu publi me ha gustado muchísimo, y me gustaría pedirte permiso para poder compartirla en mi página de facebook en la que publico cosas relacionadas con la ceguera, y en mi blog en el que escribo también experiencias propias para intentar normalizar las situaciones que nos suceden a las personas ciegas para que los videntes nos comprendan un poco más. Si me das permiso, por supuesto pondría que el autor eres tú, enlazaría con tu blog y todo eso, no pretendo atribuirme ningún mérito, sólo que la gente entienda que no siempre reconocemos sus voces, pero que eso no significa que los odiemos o algo así jajaja. bueno, también te dejo el enlace a la página de facebook y al blog para que decidas si me lo permites: facebook: https://m.facebook.com/mimentenblog/
    blog: mimentenblog.blogspot.com.es

    ¡Un saludo!

    • kastwey dijo:

      ¡Hola, May!
      ¡Me alegro que te haya gustado!
      Claro que tienes permiso, faltaría más! encima que lo difundes… (sonrisa)

      ¡Le echaré un vistazo al blog! Facebook no lo soporto mucho, la verdad.

      ¡Un saludo y gracias por escribir!

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