Una subida a producción cualquiera

Es sábado, y la verdad, ningunas ganas de sentarme aquí a trabajar… Pero tenemos una subida a producción programada (las agencias de viaje entre semana usan nuestro producto), así que es lo que hay.

Todo está preparado. La subida a preproducción fue bien el martes pasado, el código de todos los repositorios está integrado en «master», todas las aprobaciones burocráticas en verde (la aprobación del equipo de «Performance» nos ha costado lo suyo por problemas con Net Core 2.1), todas las builds están hechas, los manifiestos para Kubernetes, los permisos para las personas que vamos a trabajar hoy con Azure otorgados para los recursos de producción durante esta ventana de tiempo… así que no debería ser muy complejo. Lo único es que tenemos que escalar el cluster en AKS porque nos quedamos sin memoria y CPU para cumplir con las espectativas del equipo de Performance, así que dividiremos la subida en dos partes: despliegue de las nuevas imágenes y configuraciones, cambios de base de datos y nuevos artefactos que se crearon en esta entrega, y por otro lado el escalado y la actualización de los nodos de K8s.

Nos conectamos todos mediante teams (seis personas que trabajamos en cuatro países diferentes), y empezamos a trabajar.

A mí me toca lanzar las builds manuales que despliegan los secrets que configurarán los entornos, y las builds que despliegan y configuran todos los servicios en Kubernetes usando las imágenes que previamente ya habíamos subido a «Azure Container Registry». A otro compañero, desplegar y configurar las nuevas funciones de azure, y a un tercero, todo lo relacionado con la base de datos.

Trabajamos en paralelo, con una lista de comprobación que tenemos dentro de una Wiki en Teams, y hablando por el chat grupal que hay abierto. De vez en cuando, nos llamamos entre nosotros para tratar algún punto conflictivo de manera más rápida.

Ocurren varios contratiempos: un script que falla al ejecutarse por una casuística no prevista en producción, y que resuelvo ajustando algunos registros en la base de datos, y un problema con el proveedor de autentificación que utilizamos, (porque uno de los usuarios que tenía que usar QA había caducado) que otro compañero resolvió directamente desde el portal del proveedor.

Finalmente, tras tres horas de trabajo ininterrumpido y coordinado, todo está arriba. El equipo de QA ha hecho un test de punto a punto en los distintos módulos de la aplicación, y todo funciona como se espera.

Luego hemos hecho la parte del escalado y actualización. De esto se ha encargado otro compañero del equipo de infraestructura, y yo he podido desconectarme un rato. En un par de horas, todos los nodos están en las nuevas máquinas y actualizados a la última versión. Hacemos una última comprobación de funcionamiento, y damos la subida por concluída.

Hasta aquí, una subida más a producción, menos automatizada de lo que nos gustaría (lo arreglaremos en los siguientes PI), pero para lo complejo que es el proyecto y los grandes cambios que hemos realizado desde la entrega anterior, todo ha salido bastante bien.

Pero… ¿qué más ha tenido que ocurrir para que yo, una persona totalmente ciega, haya podido formar parte de este equipo? Pues básicamente, que todos los productos que he tenido que manejar durante la subida sean accesibles con mi lector de pantalla: Windows, Git, la consola de Windows, Ppowershell, Teams, Chrome, el portal de Azure, el portal de Azure Devops, Sql Server Management Studio y por supuesto, Visual Studio. De todos estos productos, solo una parte del portal de Azure no era muy accesible (la tabla de propiedades de los topics de Azure Service Bus), y ya he abierto un ticket al soporte de Azure para que lo miren. Uno de mis colegas se encargó, por tanto, de replicar los topics, operación que para mí era bastante compleja dada la inaccesibilidad de esa interfaz.

Pero a pesar de esto, mi sensación hoy es de triunfo: porque hemos subido un proyecto complejísimo tras unos meses duros de trabajo con retos técnicos muy entretenidos y variados, pero sobre todo, porque he sido un integrante más de un equipo en el que todos hemos aportado lo que sabemos, de la mejor forma posible, para alcanzar nuestro objetivo.

Quizá para las personas que no tengan discapacidad, sentirse parte integral de un equipo no es algo tan emocionante, pero qué narices, para mí sí. Trabajar en un proyecto internacional como Tech lead y formando parte de un equipo multidisciplinar en el que me siento en igualdad de condiciones es un triunfo, mío, en parte, pero sobre todo, de la tecnología y de quienes han sido capaces de ver más allá y la han hecho accesible. ¿Y por qué? Pues simple y llanamente, porque el software que tengo que utilizar en mi día a día, es lo suficientemente accesible para que pueda desempeñar mi trabajo como los demás… Y cuando no lo es, pues a echarle ganas e imaginación, y a encontrar trucos. ¿Que el portal de Azure tiene cosas no accesibles? pues Azure Cli o PowerShell. ¿Que hay funciones de Visual Studio que no son accesibles? pues a montarme un script que trampee la interfaz para darme la información que necesito… ¿Os he dicho ya que me encantan los retos?

Así que cuando hemos terminado la subida, me ha dado por pensar: Ojalá muchos «empresaurios» hubieran visto lo que hemos hecho hoy, porque seguramente, a muchos se les quitaría la tontería y los prejuicios de pensar que las personas con discapacidad no podemos hacer ciertas cosas o realizar determinados trabajos. Yo no soy especial, solo me apasiona lo que hago, y gracias a que la tecnología que necesito manejar en mi día a día es accesible, puedo realizar mi trabajo lo mejor que sé, aportando mis conocimientos, mis ganas y mi ilusión a los proyectos en los que participo.

Así que haceos un favor, y cuando veáis a alguien en una entrevista que viene a ofrecer su talento para trabajar con vosotros, mirad más allá de vuestros prejuicios, vuestros miedos y vuestras preconcepciones, porque si alguien dice que puede hacerlo, es porque realmente puede hacerlo, a pesar de que vosotros le miréis y os preguntéis: ¿pero cómo narices lo hará? Como le dije una vez a un entrevistador de cuyo nombre no quiero acordarme: ¿Crees que llevo siete años en mi empresa mano sobre mano y sin que me hayan echado??

Y si te dedicas al desarrollo de software, piensa que hay muchas personas en el mundo que usan la tecnología de formas muy diversas. Desarrolla pensando en todos, ten en cuenta la accesibilidad, y gracias a eso, seguro que estarás haciendo de este un mundo mejor y más inclusivo para muchos de nosotros.

¿Y es que, De qué estaría trabajando yo si las herramientas de desarrollo que utilizo no fueran accesibles? De desarrollador, ya os digo yo que no.

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Gestación subrogada. ¿Y de la mujer, qué?

El otro día, llegaba a mi buzón de correo una petición de Change.org: Queremos ser padres, legalizad la gestación subrogada ya.

Después de leerla, estuve a punto de firmar; y es que considero que cualquier persona tiene derecho a ser padre o madre, independientemente de su orientación sexual. Para mí es evidente, y países que no permiten la adopción a parejas homosexuales me parecen homófobos y retrógrados.

Sin embargo, hablándolo con mi mujer, Núria, me hizo reflexionar con una frase que me dejó descolocado:

¿Y alguien ha pensado en la mujer?

¡Uhm! Pues quizá no mucho, la verdad. Lees la petición, y piensas, con razón: ¡Es que están en todo su derecho de querer ser padres! Pero si profundizas un poco más, te haces dos preguntas que para mí son fundamentales:

  1. ¿Realmente las mujeres toman esta decisión sin presiones de ningún tipo? (sí, las económicas también cuentan, claro).
  2. ¿Qué secuelas le quedan a una mujer después de haber tenido a un bebé creciendo en su interior, cuando, después de nacer, tiene que dárselo a otras personas?

Me cuesta pensar que después de tener a un bebé nueve meses dentro de ti, haberlo notado moverse, haberlo cuidado, viendo todos los cambios que experimenta tu cuerpo… puedas desprenderte de él sin sufrir consecuencias psicológicas, por mucho que sepas, o creas saber, lo que va a pasar. Ya sé que no es lo mismo quedarte embarazada con la ilusión de desearlo, que planteártelo como un servicio que prestas a otras personas para que puedan ser padres, independientemente de si es por un beneficio económico o por un acto altruista hacia esas personas. Sin embargo, me cuesta mucho creer que una mayoría de mujeres decida alquilar su vientre sin tener presiones económicas acuciantes, la verdad. Me cuesta mucho creer que someterse a una inseminación, a nueve meses de embarazo (con todo lo que eso significa física y psicológicamente hablando), a un parto (con el riesgo que ello conlleva), y a la posterior separación, pueda ser tratado como un trabajo como cualquier otro.

No digo que haya personas que lo hagan con la motivación de ayudar a otras a ser padres, pero… Reflexionad: ¿cuántas mujeres del primer mundo, con acceso a un trabajo digno, se prestarían a alquilar su vientre para que otras personas puedan ser padres? ¿de verdad creéis que cuando alguien vaya a Nepal, esas mujeres lo están haciendo porque creen que ese alguien también tiene derecho a tener un hijo? ¿O lo más probable es que sea una forma de poder mantener a su familia y que no se muera de hambre?

Por mi parte, he llegado a la conclusión de que no voy a firmar la petición. Es egoísta convertir a una mujer en un mero objeto reproductor porque otras personas quieran tener un hijo, por mucho derecho que tengan. Solo me parecería válido si esa persona lo hiciera de forma realmente desinteresada, como un favor hacia la otra parte, sin gratificación material de por medio, tal y como ocurre, por ejemplo, con la donación de órganos. Y es que al convertir esto en una transacción comercial, tenemos al que puede comprar, y al que necesita vender. Y permitidme dudar de que aquí el precio más alto lo pague el comprador.

Por favor, dejadme vuestros comentarios y contadme qué pensáis. Me interesan muchísimo otras opiniones al respecto.

¡Un saludo!

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¡Felicidades, mamá!

Ya te lo ha dicho esta mañana, dándote uno de esos abrazos que saben a ternura y huelen a sueños recién soñados. Te lo dice cada vez que te llama con esa vocecilla dulce, y cada vez que te sonríe cuando te ve aparecer tras los cristales de la guardería.
Te lo dice cuando se duerme encima de ti, o cuando te coge de la mano para que le alcances algo a lo que él aún no puede llegar. Eres su mundo, su sustento, su universo. Eres la voz que le calma por las noches cuando se despierta lloroso, la que le canta una nana cuando le cuesta conciliar el sueño. Eres sus tardes, también, la mami con la que juega con sus burrums y sus pelotas hasta caer rendido.

Y aunque a veces te asalten las dudas o las culpabilidades, aunque en ocasiones te preguntes: ¿lo estaré haciendo bien? ya estoy yo aquí para decirte que lo estás haciendo maravillosamente. Solo hay que verte con él para saberlo, saber que lo es todo para ti, y que harás lo que sea necesario para que él esté bien, cueste lo que cueste.
Y te admiro por eso, y te quiero por eso aún más, si es que tal cosa es posible.

Y en este día, en el que se celebra el día de las mamás, yo también me sumo para felicitarte. Porque te lo mereces. Porque tengo la certeza de que nuestro hijo no podría haber tenido una madre mejor ni en un millón de años.

¡Muchas felicidades, mi amor!

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Hola… Perdona pero, ¿quién eres?

Son las nueve de la mañana. Llegas al trabajo, corriendo como siempre, y en la puerta del edificio alguien te saluda muy alegre:

– ¡Hola!

Tienes que reaccionar en décimas de segundo: Tu cerebro debe procesar esa palabra, dos sílabas (Ho, la) e intentar ubicar esa voz en el catálogo de voces que almacena, a trancas y barrancas, tu memoria de pez.

Pero pasa medio segundo y tú, sin saber aún quién demonios te acaba de saludar (es un hombre, hasta ahí llegas), contestas con un – ¡Hola! – y esbozas una sonrisa tenue, de compromiso, sin tenerlas todas contigo; porque tu cerebro sigue a toda marcha intentando volver a reproducir esas dos sílabas, que con el esfuerzo te parece que ya no suenan en tu cabeza como lo hicieron en la realidad. Ho, la, ho, la, ho, la… ahora más grave, ahora más aguda… ¡qué presión!

Sigues andando, y la persona que te saludó camina ahora a tu lado.

– ¿Qué tal? – te pregunta.

Venga, campeón, otras dos sílabas. Ahora ya tienes más información… – «¡Hola! ¿Qué tal?»… Pues va a ser que no.

– Bien, corriendo, como siempre. ¿Y tú? – le dices para que hable a ver si así…

– Pues pensando que ya estamos a Jueves, que eso anima.

¡Toma sílabas, ¡no te quejes! Diecisiete! Pero… ¡aún no estás seguro de quién es! ¿Gregor? ¿Alexis? ¡O quizá Joan!

Y claro, llegados a este punto ya es tarde para preguntar: – Oye, perdona, ¿quién eres? – Ya has iniciado la conversación. Le has preguntado que qué tal él, lo que da a entender que sabes con quién narices estás hablando… Y preguntarle a estas alturas que quién es… ya queda como el culo.

Preguntar quién eres tienes que hacerlo al principio, en el primer hola, pero te puede la vergüenza de preguntar e intentas la estrategia de ganar tiempo hablando, lo cual, si eres sincero contigo mismo, normalmente no suele funcionar.

Pero ahí estás, llegando al ascensor, sin tener ni puñetera idea de quién va a tu lado.

Lo reconozco. Soy ciego, y malo con las voces de la gente con la que no he hablado demasiado. No es que tenga fonoagnosia ;), pero vamos, que no soy un lince 😉 Es lo que hay, y a veces creo que paso por borde con alguna gente a la que no he conocido cuando me han saludado y que deben pensar: – Vaya día tan seco que tiene este hoy.

Hay voces que son muy sencillas de distinguir. La mayor parte de las personas que conozco, con que me digan dos palabras sé automáticamente quienes son, porque hemos hablado tantas veces que el cerebro funciona casi en automático. Luego están las voces de aquellos que, aunque no hables mucho con ellos, tienen una voz que les hace distintos y fácilmente reconocibles: un timbre curioso, un acento, un tono más grave o agudo de lo habitual… Pero otras muchas, cuando hemos hablado pocas veces o muy espaciadas, me cuesta diferenciarlas.

También me pasa con los acentos. Si dos personas tienen un acento marcado y parecido y un timbre de voz más o menos similar, me cuesta más distinguirlas entre sí. Me recuerda un poco al análogo visual de cuando alguien que ve, me dice que todos los chinos le parecen iguales.

Las personas que ven, son capaces de recordar caras y asociarlas con personas concretas. Pequeñas diferencias en el ángulo de la mandíbula, la distancia entre los ojos, la forma de nariz, boca, orejas… un conjunto de indicadores que hacen posible distinguir unas caras de otras con relativa facilidad.

Creo que para una persona que ve, es más fácil asociar visualmente una cara a alguien y acordarse de esa persona, que para un ciego asociar una voz cuando ha tenido pocas conversaciones con ella, cuando es poca la información con la que trabajar, o cuando hay ruido de fondo.

La diferencia entre distinguir voces y caras, más allá de que los indicadores son totalmente distintos, creo que radica en que una cara la estás mirando (si quieres) durante todo el rato que dura una conversación. Además, es posible que el cerebro humano esté más adaptado a retener imágenes visuales que auditivas… o quizá la plasticidad neuronal hace que el cerebro de una persona ciega se adapte a retener con igual facilidad fragmentos auditivos, , y solo soy yo el manta al que le cuesta esto de distinguir voces de personas con las que no hablo demasiado 😉

¿Qué opináis?

¿Si eres ciego, es fácil para ti distinguir una voz aunque hayas hablado poco con esa persona?

Si ves, ¿hasta qué punto te resulta fácil distinguir una cara, y con qué rapidez?

¡Gracias por comentar, que el tema me parece interesante!

¡Saludos!

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Cuando la inclusión se hace añicos frente al mundo real

Lo reconozco. He estado, al menos en parte, creyendo que el microverso de personas a las que sigo en twitter era un reflejo más o menos fiel del resto de la sociedad. Y eso, como ya os podéis imaginar, es una falacia total.

Nos rodeamos de personas afines, individuos que piensan de manera más o menos parecida a nosotros o que comparten, más o menos, nuestros mismos intereses. Si mis amigos de twitter fueran una muestra media de la sociedad, habría superpoblación de informáticos, al 90% de la gente les encantaría cacharrear con la tecnología, , el Partido Popular se habría hundido en la miseria, y por un cataclismo ocular, un porcentaje bastante alto de la población mundial sería ciega o tendría graves problemas para apuntarse a un curso de piloto de líneas aéreas.

Así que en mi microverso, es normal que mucha gente sepa qué es la accesibilidad web o al menos haya oído hablar de ella. Es normal que si me conocen, o a mí o a alguien ciego, esa gente sepa que la ayuda es bienvenida y agradecida, pero no es un modo de vida; que las barreras están ahí para romperlas a mamporrazos, y no para subirnos a espaldas de otros más altos para que nos ayuden a superarlas, una y otra vez, conformándonos con ello sin ser capaces de hacerlo por nosotros mismos.

Sin embargo, cuando ayer se me escapó un tweet de ese microverso y se adentró en el universo de Twitter en el que llegó a personas que nada tenían que ver con mi confortable microverso, me di cuenta de que el camino que tenemos que recorrer para que la inclusión sea una realidad es aún más largo de lo que yo pensaba. Y eso me ha puesto triste, para qué vamos a engañarnos.

Y todo esto viene por la respuesta que di a un tweet de Pablo Iglesias, que lanzó a raíz del fin de las votaciones que Podemos lleva realizando estos últimos días para decidir si llegar o no a un pacto con Ciudadanos:

Usuarios de lectores de pantalla, siento el coñazo de usar tweets embebidos, pero es la única forma de que nadie me diga que me estoy inventando los tweets 😉 Están en una lista, pulsar i (JaWS o NVDA), para moveros entre los tweets sintragaros todos los botones de acciones del tweet:

Y no sigo, que esto es una locura de tweets.

Antes de nada, decir que me he saltado bastantes tweets de personas que me daban la razón, y de algunos que me preguntaban cómo twitteaba y demás. Quiero decir que no todo el mundo me ha dicho que me ayuden otros ni que me ofrezca yo desinteresadamente para hacer las cosas accesibles en lugar de quejarme… Así que no todo es malo, ni mucho menos, pero el cómputo general es bastante desolador.

Recapitulando:
a) La ayuda de terceros parece que para algunos es suficiente. Pudiendo pedirle a mi vecino del segundo que me mire la pantalla, ya me debería dar con un canto en los dientes. ¿Pedir que se accesibilicen las cosas para poder hacerlas sin ayuda de nadie? ¡anda ya! ¡Ser independiente está sobrevalorado!
b) Si yo tengo los conocimientos para hacer esa web accesible, debo ofrecerme desinteresadamente a ayudar, en lugar de quejarme… Y si no puedo o simplemente, no quiero, no tengo derecho a la queja.
c) Si soy capaz de leer un tweet siendo ciego, también soy capaz de votar en esa página. Esta lógica me desarma.

Y después de esto, ¿De verdad creéis que hemos avanzado? Yo creía que sí, pero me parece que estaba equivocado. Después no puedo sorprenderme si al ir a una entrevista de trabajo me dicen que no me contratan porque al cliente le da miedo que sea ciego y que no sepa o no pueda programar lo que me piden.

¿Y dónde está el problema?

Mi opinión es que está en la falta de concienciación y de conocimiento. Poca gente conoce la realidad de personas con discapacidad: ¿Cómo accede a internet un ciego? ¿Y un tetrapléjico? ¿Y una persona con discapacidad intelectual? ¿Cómo puede un desarrollador hacer su aplicación accesible, si ni siquiera se plantea que un ciego pueda, algún día, acceder a ella? ¡Eso debería estudiarse como requisito indispensable en las carreras y ciclos formativos de informática y de desarrollo de aplicaciones, y no puede ser de pasada, lo siento, así no sirve para nada!

Y luego hay otro problema, inherente al ser humano: el egoísmo: La verdad, si el muchacho ese del perro guía no puede acceder a la web de su banco, qué quieres que te diga, no me quita el sueño. Mientras yo pueda… Y así, con todo.

En fin, bastante desilusionado, y eso que suelo ser optimista por regla general. NO sé. Esto me ha tocado la fibra.

Estoy abierto a opiniones, que me encanta debatir 😉

Un saludo.

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Audiodemo. Como leer libros de Adobe digital editions (fnac, casa del libro…) en cualquier dispositivo

¡Hola!
Hace unos meses, os traía el tutorial de Audiodemo: Cómo leer libros de amazon (kindle) en cualquier dispositivo. Hoy os traigo el mismo tutorial, pero para leer los libros de Adobe Digital Editions.

En los libros electrónicos hay tres grandes plataformas, al menos las que yo conozco y utilizo con más frecuencia:

  • Kindle de Amazon
  • Adobe Digital Editions: Casa del libro, Fnac, el Corte Inglés…
  • Fairplay de Apple

En rigor, podríamos quitar el DRM a los tres formatos, aunque en cuanto a complejidad, Apple con Fairplay se lleva la palma, pues por cada actualización de iTunes cambian el algoritmo, y hay que estar reprogramando el software que quita dicho DRM.
Pero no os preocupéis, en realidad casi todos los libros electrónicos, cuando se lanzan, suelen estar en las tres plataformas, así que no os quedaréis sin leer por no poder desencriptar los libros de la manzana.

Para facilitaros las cosas, os dejo aquí una lista con los enlaces de descarga de los tres programas que utilizo durante la demo:

  1. Adobe digital editions 4.1 para Windows
  2. Epub DRM Removal
  3. Calibre 2.7.0 para Windows

Para los usuarios de otros sistemas operativos… sintiéndolo mucho, tendréis que buscar los enlaces correspondientes, que si no se me hace esto eterno 😉

Y ahora sí, el tutorial. Si queréis descargarlo en lugar de usar el reproductor, pulsad en el botón «Download» que aparece más abajo.

¡Espero que lo disfrutéis!

¡Un saludote!

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Pilotar es fácil con los ojos cerrados

¡Hola!

Después de bastantes meses sin publicar nada por aquí, hoy os traigo un podcast recién salido del horno. Es para mí un podcast muy especial, pues en él podréis escuchar cómo cumplo uno de mis sueños: pilotar una aeronave.

Ya he conducido una furgoneta, así que, ¿por qué no ir un poco más allá? 🙂

Mil gracias a mi niña Núria (@amaterasu_n) por hacer realidad este sueño. ¡Qué te voy a decir que ya no sepas, preciosa! 😉

También me gustaría agradecer a Victoria Rodríguez y a Diego López por haber puesto en contacto a Núria con el instructor de vuelo, Iñaqui, jefe de escuela del Real Aeroclub de Málaga,, quien se fio de mí y me permitió vivir esta experiencia inolvidable.

Así que por último, mil gracias, Iñaqui, por este día: Por la paciencia que demostraste al explicármelo todo. Por haberlo explicado tan bien. Por haberte implicado tanto en todo momento. En definitiva, por haberme hecho sentir que ese viernes diecinueve de septiembre, fue un viernes de altos vuelos. ¡Gracias, crack!

Y sin más, os dejo con el podcast. ¡Que lo disfrutéis, al menos una décima parte de lo que lo he disfrutado yo!

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Siempre hacia adelante

Siempre hacia adelante. Casi parecería el título de alguna canción, o quizá de un libro cutre de autoayuda de esos que adornan las estanterías de las librerías o incluso las cajas de los supermercados, pero qué verdad es. El tiempo pasa, y nosotros avanzamos con él, irremisiblemente. Siempre hacia adelante, acumulando vivencias y sumando años al calendario. Siempre hacia adelante, aunque a veces preferiríamos que algunas etapas no pasaran tan deprisa.
Parece que fuera ayer cuando aquel 17 de octubre de 2005, con la maleta llena de ilusiones, miedos, incertidumbres y algo de ropa, llegué a la escuela de la Fundación ONCE del Perro Guía, en Madrid. Parece que fuera ayer cuando llegaste a mi habitación, con aquel repiqueteo de patitas, esa cola en movimiento perpetuo, y esa lengua áspera que se afanaba en intentar lamerme las manos y la cara a la menor oportunidad.
Me hubiera gustado poder saber qué pensabas en aquel momento, si de algún modo te preguntabas qué demonios te depararía el futuro después de aquel nuevo cambio de rutina en tu vida, bastante intensa casi desde que naciste. Primero en la escuela, luego un año con una familia que sin duda te cuidó y te quiso como a la que más, luego otra vez en la escuela, donde aprendiste a ser la mejor guía del mundo… y de repente, otro cambio más, conociendo a aquel humano que olía a nervios y a emoción contenida.
Han pasado más de ocho años, en los que hemos vivido miles de experiencias inolvidables. Ocho años en los que has estado junto a mí casi las veinticuatro horas del día. Ocho años en los que has pasado por tres ciudades y cinco casas, siempre acompañándome, y dando lo mejor de ti cuando te he necesitado.
Siempre he dicho que cuando me fui a Madrid, habría sido mucho más duro si no hubieras estado conmigo. Por la seguridad que me daba tenerte a mi lado, fui capaz de enfrentarme a tantas cosas desconocidas, y patearme tantas calles y tantos cruces, sabiendo que con tus ojillos vivaces y con ese carácter resuelto que siempre has tenido, no importaba mucho si nos perdíamos, porque sabía que si estabas ahí, al final encontraríamos el camino correcto.
Ocho años después, y pese a esa gran parte egoísta que me impulsaba a no tomar la decisión, te has convertido en una perrilla jubilada, favorita de casa de mis padres y mimada a más no poder. Y sé que, aunque te eche tela de menos, y a veces se me salte una lagrimilla cuando veo por casa tu colchón vacío, es lo mejor que podría haber hecho, ¡que ya estaba bien tantos años aguantándome a mí!
Y ahora, ocho años después de nuestro primer encuentro, el ciclo se repite, y otra vez me veo aquí, sentado en un tren camino a Madrid (aunque desde el norte en lugar de desde el sur), con la maleta llena de ilusiones, incertidumbres y algo más de experiencia. Otra vez a buscar a un peludo que me aguante como tantos años me has aguantado tú. Y aunque sé que comparar es odioso, es innegable que para mí has sido una guía y una compañera de andanzas excepcional, y que has dejado el listón bien alto para el siguiente.
Así que Mery, a ti va dedicado este post, esta especie de carta que, como no puedes leer ni entender, te traduciré en forma de caricias y achuchones cuando vaya por Málaga a veros a todos. Hasta entonces, sigue haciendo lo que mis papis y ahora tus dueños te permitan, que conociéndolos, será mucho ;).
Gracias por todo, chiquitilla peluda. ¡Te quiero!

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Audiodemo: Cómo leer libros de amazon (kindle) en cualquier dispositivo

¡Hola a todos!

Hoy, @Luis_RNE, me preguntaba si había forma de romper el DRM de los libros que se compre en amazon para poder leerlos de forma accesible, y me recordó aquella audiodemo que hice hace meses sobre el particular.

Por falta de tiempo, y de memoria, todo sea dicho, no había publicado en el blog la audiodemo, pues estaba a la espera de escribir el post en texto para que pudierais leerlo paso a paso. Visto que no saco el tiempo para hacerlo, os pongo aquí la audiodemo para que podáis escucharla directamente.

¡Espero que os sea útil!

¡Un saludo y a acabar de disfrutar el verano! 😉

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Podcast: Viaje a EEUU

¡Hola a todos!

Después de casi un año, en el que nuestras grabaciones han estado durmiendo en el cajón magnético de las profundidades de nuestros discos duros, hace unos días, decidimos, así, de repente y sin pensar mucho en lo que implicaba, montar de una santa vez el podcast del viaje que hicimos a Estados Unidos allá por mayo del pasado año.
Así que dicho y… tres intensos días después, hecho.
En este post, iremos publicando los sucesivos episodios de los que constará este podcast, que en principio serán diez u once. Esto de diez u once es porque no tenemos claro que el último día, que sólo consta de unas horas de monótono avión y de unos comentarios hechos con el mayor de los agotamientos dé para un podcast jeje.
Y ya no me voy más por las ramas, que siempre me pasa. Esperamos que este podcast, hecho con toda la ilusión del mundo entre Núria y yo, os haga disfrutar un ratito. Para nosotros, desde luego, es todo un placer montarlos y sobre todo, escucharlos y recordar con cariño todos aquellos días. Para ambos, es nuestra forma alternativa de lo que para algunos son las fotos y los vídeos, ¡pero más divertido! 😉 Ponemos un poquito de audio, sazonamos con algo de música, le echamos unos granitos de imaginación, se agita, se mete al horno, y esto es lo que nos queda.
¿Os apuntáis a nuestro viaje?

Descargas del podcast:

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